Julio – Agosto 2023 / Dossier de EVT 426-427
El concepto «Inteligencia Artificial» (IA) se ha instalado en nuestro lenguaje, y previsible resulta que aumente su influencia en nuestras vidas.
La IA está llamada a optimizar los procesos y a aumentar la eficiencia de las empresas, lo que supone maximizar sus ganancias. Asimismo, la automatización de las tareas puede redundar en la destrucción de puestos de trabajo, lo que plantea serios desafíos sociales en términos de desempleo y, por tanto, de desigualdad social. Sin embargo, en un contexto socialista la IA podría usarse para promover el bienestar común, planificando de manera más eficiente la producción y distribuyendo los recursos de manera equitativa.

En cualquier caso, la IA plantea oportunidades (diagnósticos médicos, optimización del consumo energético, mejora de la seguridad vial, etc.) y amenazas (ausencia de privacidad, manipulación de la información, creación de armas automáticas, etc.). Y, por eso, se ha generado un debate al respecto de la necesidad de regular su uso en función de criterios éticos.